Pertenecemos a la Orden de las Hermanas del Verbo Encarnado.
Nuestro Instituto tiene como Carisma propio el prolongar la Encarnación en ‘todo hombre, en todo el hombre y en todas las manifestaciones del hombre’ (Pablo VI, Ecclesiam Suam), a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano. Por tanto, los miembros del Instituto buscan hacer efectiva la inculturación del Evangelio asumiendo todo lo que es bueno para que así pueda ser redimido. Esto supone la tarea de discernir lo bueno, que puede ser asumido, de lo malo, para poder así «recapitular todas las cosas en Cristo» (Ef 1, 10). El vasto campo de la evangelización de la cultura le ha permitido abrirse a numerosas tareas apostólicas: atención de hogares de niños; educación de niños y jóvenes en colegios primarios, secundarios y terciarios; enseñanza de la catequesis; colaboración en el trabajo parroquial, en misiones populares y en la predicación de Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio; apostolados de difusión del mensaje pro-vida y de las misiones. La misión ad gentes ocupa un lugar primordial en la evangelización. En lugares como Palestina, Egipto, República de Tatarstán y Taiwán, testimonian la fe y caridad cristiana y favorecen el trabajo ecuménico y el diálogo interreligioso.
Nuestra Casa betlemita está a cargo de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado. A día de hoy, hay 4 hermanas y 2 sacerdotes al cargo.
Nuestra labor se basa principalmente en la dedicación al cuidado de niños discapacitados. Actualmente hay 34 niños, todos ellos palestinos en régimen de internado. Los niños entienden bien inglés, español e incluso italiano.